
La tau, muy popular en la Edad Media, va a ser familiar a Francisco. Por tres caminos diversos confluye el signo tau en la vida de Francisco. El primero es el del movimiento penitencial, en el que sus miembros vestían un hábito de penitencia signado con la tau. Francisco se hace donado de la iglesia de San Damián y, por lo tanto, entra en dicho movimiento. Después del juicio ante el Obispo de Asís, Guido II, éste le da el vestido de un labriego que estaba a su servicio para cubrir su desnudez. "Francisco lo acepta muy agradecido -dice San Buenaventura- y con un trozo de yeso que encontró por allí lo marcó con su propia mano en forma de cruz" (LM. 2,4). Después de la escucha y comprensión del Evangelio de la misión, "se prepara una túnica en forma de cruz" (1C. 22).

El segundo camino fueron los monjes Antonianos, fundados en Vienne (Francia) por el noble Gastón, en 1095. Llevaban la tau en azul sobre su hábito como signo de pertenecia a la Orden y dedicación a los enfermos. Estos monjes regentaban en Roma, junto a la Basílica de San Juan de Letrán, el lazareto llamado de San Antonio el Grande, donde Francisco estuvo sirviendo a los enfermos en su visita a Roma para la aprobación oral de la Regla por Inocencio III.
El tercer camino de encuentro con la tau fue el Concilio IV de Letrán, en el que estuvo presente Francisco. En el sermón de apertura del Concilio, 11 de noviembre de 1215, Inocencio III se sirve del texto del profeta Ezequiel para pedir a los Padres Conciliares su colaboración en la reforma de la Iglesia.
Francisco, oyente atento de la propuesta del Papa, de la misma manera que va a ser un propagador de la reforma sacramental: Eucaristía y Reconciliación, se servirá de la tau, signo misionero y salvador, como sello epistolar, como refiere Tomás de Celano: "la señal de la tau le era preferida sobre toda otra señal; con ella sellaba las cartas y marcaba las paredes de las pequeñas celdas" (3C. 3). Así lo atestigua la tau que adorna la bendición al hermano León, que se conserva en la Basílica de San Francisco, en Asís, o la que, según la tradición, el Santo pintó en la iglesita de la Magdalena de Fontecolombo.El color rojo de la tau recuerda la sangre del Cordero inmolado e invita, como signo franciscano, a vivir en "penitencia-conversión", a ser misioneros de "paz y bien" y, como signo de salvación y de salud, a estar cercanos al hermano enfermo y pobre.
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